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Luis Humberto Farrugia, evidentemente comprometido con la hípica y su responsabilidad como “jefe de familia”, empezó a diseñar mediante el estudio permanente y el trabajo constante lo que sería su perfil profesional.

“Cuando yo llegué al hipódromo creía que podía aprender viendo, pero al poco tiempo me di cuenta de que eso era imposible”, comentó Farrugia sobre la manera que incrementó sus conocimientos sobre la materia hípica.

“Yo veía a los entrenadores de la época comprar café, hervirlo, dejarlo enfriar, colarlo y después suministrárselo a los caballos”, relata.  Ese proceso les daba resultados, puesto que los caballos corrían bien con eso, pero había que buscar un mecanismo menos engorroso y que diera el mismo o mejor resultado”.

“Como ya dije, mi papá era administrador de la botica El Javillo, así que yo tenía acceso a muchas cosas, lo que me permitió descubrir que había una sustancia llamada cafeína la cual era el resultado del mismo proceso que hacían los entrenadores en los establos.  Al darme cuenta de eso –confiesa- ya sabía que los tenía muertos y cada vez que me hacía falta yo iba a El Javillo... y ¡bingo!

“Eso demuestra que en este juego no se puede aprender viendo, hay que estudiar, hay que leer mucho y, sobre todo, tienes que aplicar todo lo que aprendes, en eso radica el éxito o el fracaso”, advirtió.

Con Sunny Blarney, Iquique y Vampiro como los primeros exponentes de su cuadra, Luis Humberto Farrugia continuó consolidando su relación con el deporte hípico.  Así las cosas, se constituyó por mucho tiempo en el anunciador y narrador oficial de las carreras que se escenificaban en el hipódromo sabanero.

“Yo edité el Juan Franco Racing Farm” que fue una de las primeras revistas especializadas en hípica que hubo en Panamá.  Fui también, muchos años después, “diller  en los casinos nacionales”.

El haber desempeñado tal diversidad de funciones en la vida no es otra cosa que el producto de un interminable deseo de avanzar, de hacer las cosas mejor, de ser el número uno.

“Eso cuesta trabajo, hay que pelear con mucha gente, pero cuando se sabe lo que se quiere y se cuenta con las armas para lograrlo, no se tiene miedo y se llega hasta donde sea necesario”, señala el hombre que a simple vista parece de carácter recio, pero que en el fondo es “sumamente noble”, según sus seres más cercanos.

 

 

El estudio

“Cuando yo llegué al hipódromo creía que podía aprender viendo, pero al poco tiempo me di cuenta de que eso era imposible”

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