Lugui Farrugia, el heredero

“Llenar los zapatos de mi abuelo no es fácil”

Por Egbert Lewis

Luis Humberto Farrugia III lleva sobre sus hombros el peso de llamarse igual que su abuelo “El Mago” y el compromiso de cumplir el deseo de que se convirtiera en su heredero, en cuanto a la profesión de entrenador de caballos respecta.

“Su deseo era que yo continuara. En un tiempo lo estuve haciendo”, cuenta Luigi Farrugia quien incluso llegó a trabajar en los hipódromos del circuito de Miami, en Estados Unidos, en donde ganó experiencia con varios entrenadores.

Mientras cumplía esa faena “El Mago” Farrugia lo visitaba para ver cómo iba su progreso, incluso le tocó trabajar como mozo de corral, porque el deseo de su mentor que “aprendiera todo desde abajo”.

   Eventualmente, Luigi Farrugia ha incursionado en el entrenamiento de caballos, pero sostiene que la necesidad de desarrollarse en otro ámbito  profesional lo ha alejado muchas veces, pero no desiste de la idea.

  “El tema de ser entrenador lo he puesto en pausa. Fui soldado por 14 años en el ejército de Estados Unidos; en vez de entrenador caballos entrenaba gente”, cuenta.

  Intentar reemplazar a “El Mago” Farrugia es llenar unos zapatos muy grandes, dice. “Llenar los zapatos de mi abuelo no es fácil”.

     “El Mago” Farrugia le heredó a “Luigi” un anillo, con una herradura para que lo usara como símbolo del compromiso.  Paso mucho tiempo para que “Luigi” Farrugia lo usara, y la razón  es porque se consideraba digno de portarlo.

 “Cuando yo fui a la guerra y regresé pensé que había hecho algo muy grande y me lo puse”, explica.

    Tras trabajar como mozo de establo,  enrolarse en el ejército y ser actualmente administrador de un negocio familiar – también herencia de su abuelo- “Luigi” Farrugia, ha podido hacer valer un consejo de “El Mago”: “Me decía que tenía que aprender a hacer muchos trabajos en la vida”.

 “Mi abuelo fue grande y poderoso”, califica.

   Luigi asegura que en el futuro volverá a retomar el camino de ser entrenador.

   “Donde tú vas la gente dice la leyenda, el inmortal. Después de tanto tiempo, lo siguen recordando. ¿Quién no quiere querer a un abuelo famoso? Yo tuve  es dicha”.

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